LA PELICULA.
A inicios de los setenta del siglo pasado, si mi memoria no falla, fui al cine a mirar una película que llamaba mucho la atención a los cinéfilos del mundo: “Hiroshima Mon Amour”. La película dirigida por Alain Resnais, fue filmada en ambientes del Japón y otros escenarios de una ciudad de Francia, a fines de los cincuenta (1959) cuando estaban reconstruyendo Hiroshima y Nagasaki, bombardeada sin misericordia con armas atómicas.
Una de las dos escenas que quedaron impregnadas en mi mente fueron, la primera: las intensas sesiones de amor apasionado de los personajes, que levantaba en vilo la libido y todo lo que se podía en la butaca del cine Bolognesi (la segunda vez ya fui solo para concentrarme en el filme), y la segunda: la del ambiente bombardeado, calles llenas de huecos, edificios en ruinas, hospitales llenos de pacientes tratando de curarse de una posible contaminación radio activa, sin agua potable, sin desagües, con una energía eléctrica inestable y otros desastres, pero con gente trabajando en la restauración y reconstrucción de manera solidaria y altamente tecnificada..
En este ambiente de destrucción y reconstrucción acelerada financiada por los que hicieron los desastres (la paradoja de siempre, o el negocio actual, destruyen para hacerse ricos con la reconstrucción), se relata el amor de dos desconocidos de diferentes países; para redondear el asunto: los dos amantes fueron enemigos en la segunda guerra mundial (se parece a la pelea de nuestras autoridades)
LA REALIDAD SUPERA LA FICCIÓN.
Esta película que la volví a ver hace dos meses, ya no en el cine, sino en el ambiente de mi casa, solo y con libertad (no piensen que es ella), me inspiró para el titulo de la carátula de este primer número y de esta central.
Otros motivos que me inspiraron son las calles destruidas y especialmente la vía donde se encuentra mi modesta casa, las Palmas, en San Juan, que parece Hiroshima, pero sin amor.
En la provincia de Maynas, no han habido bombas atómicas, pero la situación de las calles está peor, sin que nadie nos financie para la reconstrucción, como lo hicieron con los japoneses, y con autoridades nacionales, regionales y locales que lo único que han hecho desde hace décadas es pelear y construir avenidas y calles y otros edificios de manera desordenada, bajo “inspiración divina”, según ellos, que no justifican el presupuesto que utilizan por el canon petrolero, ganado por los loretanos con sangre, sudor y lágrimas, como decía Winston Churchill, después de soplarse una botella de wiski antes de desayunar (es lo que relatan sus biógrafos)
En este ambiente de huecos, de desagües mal hechos, de ladrones que roban tapas de buzones para vender a las reinas de las chatarras, de ladrones de cuello y corbata, sin seguridad ciudadana, de agua potable que llega “a la quinta planta” (pero de mamey), de dengue que solo mata doce personitas (según las declaraciones de los expertos en salud) , entre ellos niñitos, de violadores de niños que salen libres porque tienen poder, de injusticias, de rumores de coimas, de inundaciones, de chatas fantasmas que aparecen y desaparecen, de pedigüeños de tablitas, de maderitas, de funcionarios que hacen su agosto con las necesidades del pueblo, de profesionales con el síndrome de Adán y Eva y de Calígula, de choferes de colectivos, potenciales asesinos, de un crecimiento desordenado de la urbe y de las zonas marginales y rurales, de vecinos cochinos, de suicidios de jóvenes y adolescentes, se está generando una relación de amor y odio, parecida a la de la película que referimos, entre el pueblo sufrido de Loreto y los gobernantes de estas décadas, que esperamos se convierta muy pronto en reconciliación para bienestar de todos. .
Sin embargo, en este panorama bombardeado, se pueden destacar, algunas iniciativas e ideas, casi todas privadas y un porcentaje pequeño de públicas que vienen funcionando bien y que deberían ser imitados, fortalecidos, mejorados y multiplicados por nuestras autoridades.
LA ESPERANZA RELATIVA.
Hoy, con casi todas las actividades grandes paralizadas hasta que no finalicen las elecciones y con calles destruidas, solo nos queda esperar que gane la presidencia del Perú alguien que se acuerde de la Amazonía, de Loreto y sus pobladores.
Y la espera es larga. Y se hace más larga, como explicaba Einstein a una serie de periodistas sobre la teoría de la relatividad: no es lo mismo un minuto de tiempo besando a una bellísima mujer con labios acorazonados, que un minuto sentado en una estufa o tullpa caliente.
En el primer caso el minuto parece corto, demasiado corto, en el segundo parece un siglo. Lo mismo sucede con esta espera, los días que anteceden al 5 de junio, fecha del sufragio parecen cien años.
NUESTRA PELICULA.
Nuestro fotógrafo, un amateur en estas situaciones, nos ha traído una serie de escenas que de por si hablan solas y que solo necesitan un pequeño comentario:
LA AVENIDA DE LA MUERTE.
La avenida de la muerte, algunos le dicen la participación, construida en el gobierno del licenciado , que más parece una vía de penetración rural y con unas dimensiones muy limitadas para colectivos, cientos de motocarros, camiones viejos y con unas canaletas descuidadas y mal planificadas, con vecinos cochinos, con choferes de colectivos y camiones locos y con motocarristas imprudentes y hasta ebrios, que contribuyen a que esta “avenida” se llame la avenida de la muerte.
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| AVDA. DE UNA SOLA VIA PERO FUNCIONADA COMO DOBLE VIA HACIA LA MUERTE |
De participación no tiene nada, porque jamás se ha consultado con el pueblo que vive allí o mejor dicho que ha invadido toda esa zona para vender luego a grandes comerciantes (el gran negocio de los traficantes de tierra).
De haberse elaborado la evaluación de impacto ambiental y consultado con la población como manda la ley, tendríamos una buena carretera, que beneficiaría a todos y no a unos cuantos que posiblemente hayan extendido el aljovin y que solo beneficia a los enterradores por la cantidad de difuntos que viene dejando hasta ahora.
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| LA AVDA DE LA MUERTE, CONSTRUIDA CON PARTICIPACION Y AUSPICIO DE LOS ENTERRADORES ( SE ESTAN HACIENDO RICO CON LOS DIFUNTOS) |
Una ishangueada para estos gobernantes de antaño que de pronto adquieren el síndrome de Caligula, una ishangueada para los famosos ambientalistas, para las ong que ganan harta plata con la conservación del ambiente que nunca pidieron el estudio de impacto ambiental, una ishangueada para los alcaldes distritales de ese tiempo, para algunos periodistas sobones y para el mismo licenciado y sus asesores e ingenieros constructores, para el pueblo en general que como la población de la Hacienda “Las tres Marías” en la novela “La casa de los espíritus” de la señora Isabel Allende, tiene el alma adormecida, subyugada.


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