Hace dos semanas, una viejecita, vecina del barrio donde vivo, salió en paños menores de su humilde casa; gritaba asustada , como si hubiese visto a Satán calato. Las manecillas del reloj de la parroquia de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, marcaban las doce del día. Es decir que, por las condiciones del día, con mucho sol, no podría ser el demonio, aunque este aparece a cualquier hora, especialmente cuando a mi amigo Juan jorge le da los diablos azules. En tropel fuimos a la casa de la viejecita y, encontramos a su pequeño nieto gritando y tratando de botar a una rata pequeña que se había prendido del capullo de su pipilin (pene) Lo que pasó es que el infante fue a defecar y en el momento en que hacía el intento, la cría de roedor salió del fondo del water y se prendió del pequeño órgano.
Desde hace muchos años el incremento de estos roedores en la zona donde vivo (en el distrito de Belén) es geométrica, lo cual es un índice ecológico de contaminación del ambiente; han aumentado de tal manera que ya no alcanzan en las alcantarillas de las calles y, han invadido los desagües caseros. Y, una de las principales causas es la abundancia de establecimientos que benefician pollos desde las cuatro de la mañana; tienen mataderos y lavaderos sin medidas de precaución y salubridad y esto, aumenta la contaminación en el área, que de por si ya está recontra polucionada. Y, ninguna autoridad hasta la fecha puede ni quiere hacer nada.
Estos establecimientos deberían tener todo un sistema de filtración y limpieza de los residuos de tal manera que estos vayan a los desagües con poco detritus y sin sustancias que atraigan a las ratas. Existe la ley General del ambiente y, tenemos un documento ambiental que presentó el nuevo alcalde del distrito de Belén, pero, no hacen nada en la práctica.
Todo es pura labia. Haga algo, señor alcalde, mueva el tumor que tienen sus gerentes ambientales en sus cabezas y póngales a trabajar, no vaya a ser que cuando vengan los visitantes de APEC, a un chinito, se le ocurra ir a Belén y, de pronto le da ganas de "ocuparse" y entre a un local de los tantos que hay, y vaya a morderle su piquito, no una rata chiquita, sino una gigante, porque con tanta sangre y residuos de pollos que comen deben ser enormes y, a lo mejor quieren cambiar de dieta con un pipilin chinito o australiano.
No vaya a ser que el largo brazo de esta contaminación llegue a su casa y, también, estos roedores se antojen con lo suyo. Es tan fácil hacer que cumplan las leyes sin perjudicar los negocios.
Solo falta un poco de cerebro y bastante autoridad y un poquito de sentido común.
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